Hoy tu recuerdo me persiguió como el león que caza a su presa: latente, oculto entre los matorrales, vigilante, esperando el momento para lanzar el ataque y causar la estocada mortal… y esta llegó fulminante como la maldición de tu recuerdo. Sé bien que día es hoy.
Ya es un año del momento de la separación, 365 días donde cada quien ha elegido un camino diferente. Quizá ahora tú ya estés curada, quizá ahora mi recuerdo ya no te duela, quizá tu corazón está abierto para alguien más… o ¿quizá aún me extrañas?, ¿quizá aún te duele mi silencio?, ¿quizá aún tu corazón está bajo llave?... no lo puedo asegurar con certeza, ya nada es completamente cierto o completamente falso, ahora todo son ilusiones.
Castillos en el viento fueron nuestro sueños, castillos de arena nuestras promesas de amor; derrumbados por las olas de la costumbre, espejos brillantes nuestros modos y gestos, efímeras chispas nuestros momentos de intimidad y ahora sólo recuerdos que no volverán. Se cumplió tu maldición: -¡Nunca me podrás olvidar!-, es cierto, más no te diste cuenta a tiempo que la misma maldición se te ha regresado, tú tampoco te lograras escapar de las garras de mi esencia: ¡tú tampoco me podrás olvidar!
Ahora nuestro actuar está manchado por lo aprendido del otro, ahora cuando besamos; besamos los dos, cuando abrazamos; abrazamos los dos, cuando amamos; amamos los dos, cuando pecamos; pecamos los dos… a la distancia nuestros espíritus siguen unidos, llamándose, esperándose, pensando ¿qué haría si estuviera aquí?.
El tiempo seguirá volando y no lo podremos evitar. Pronto nuestro tiempo junto será un momento que nunca ocurrió, me negarás y te negaré, te arrepentirás y me arrepentiré… pero hoy antes de que ese momento llegue quiero decirte: ¡gracias!
Gracias por todos los momentos entregados, gracias por haberme enseñado a ver de otra manera, gracias por mostrarme brillantes colores, gracias por las fragancias exquisitas, gracias por ayudarme a madurar los sentimientos, gracias por hacerme sentir vivo, gracias por irte al ya no amarme, gracias por no volver más, gracias por seguir adelante, gracias por ser feliz, gracias, muchísimas gracias por haberme amado…
Si acaso leyeras esto, con un nudo en la garganta, lágrimas de nostalgia en los ojos y una sonrisa te diré: estoy listo… puedo dejarte ir, mi amor de adolescencia, mi primer amor, hasta nunca, hasta siempre, cuídate, sonríe y ¡adiós!

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