Querida:
Te escribo estas líneas porque me ha nacido hacerlo, ¿con que objeto?, decirte: ¡mírame! Siempre he estado aquí. Un par de años han pasado desde que te dije por primera vez que me gustabas, que sentía latir mi corazón con una intensidad equiparable a la del éxtasis… pero ahora no te hablaré de algo que no comprendo, te hablaré como sólo se hacerlo: con el corazón en la mano y con la verdad como escudo de armas, con la vista fija en el horizonte y; a diferencia de lo ocurrido antes, en lugar de mirarte como un castillo al cual llegar, te veo como mi igual. Te invito a recorrer juntos el mismo sendero, con la mirada fija en una vida juntos tu y yo.
Desde la primera vez que te vi surgió en mí una pregunta: ¿Quién es esta mujer? Poco tiempo pasó para darme cuenta; con lo mucho o poco que me diste, de la enorme distancia que nos separa: objetivos distintos, caminos separados (contrarios en algunos casos), gustos opuestos, tú Venus y yo Marte… de ti escuché muchas cosas (sabes que a la gente le gusta hablar), miré muchas otras, también llegué a imaginar, pero ¿sabes que es lo peor?, aun me hago la misma pregunta: ¿Quién eres?
Te debo admitir algo que quizás ignores: muchas veces me convencí de nunca volver a intrigarme con tu nombre, de nunca permitirme ser seducido por tu hermosa sonrisa o tu mirada tan penetrante, un par de veces tomé el valor con unas copas para poder maldecir el haberte conocido, consideré que quizás llegué a odiarte… he descubierto que nunca pude haber sentido tal cosa, ya que todas mis rabietas, todos los malos pensamientos, todas aquellas cosas que viví por tu recuerdo, no eran más que la sumatoria de mi inmadurez y lo que siento por ti, degradado a berrinches de un niño malcriado… hoy no te escribe el niño, te escribe el hombre.
Lamentablemente entendí tarde la lección y dejé pasar mucho tiempo. Como sea, hoy vuelves a mi vida, o quizás yo vuelvo a la tuya ¿quién puede decirlo? Es raro pero a pesar del tiempo y la distancia, aun tienes un efecto sanador; casi mágico, en mí: tu sonrisa ilumina un mal día, cura y me hace perdonar malos ratos o malas experiencias, sólo pienso en ver tu sonrisa, pero no sólo eso, quiero ser yo la causa de parte de ella, aún no entiendo del todo eso que llaman “amor”, pero lo asocio con la sensación que siento cuando estoy contigo.
Hoy te escribo porque me nace hacerlo, porque lo que no dicen mis labios lo hacen mis letras plasmadas en un papel. Te invito a ser sincera, dejemos de lado las caretas, déjame seducirte, permíteme; ahora que podemos intentarlo, ser parte de lo que cause tu sonrisa, no te pido garantía de ser correspondido, sólo te pido: nunca me mientas y no juegues con mis emociones… por favor. ¿Qué te ofrezco?, simplemente lo que soy: un corazón bohemio y sincero; un hombre que mantiene un espíritu juvenil, mis fuerzas y mi apoyo, ya antes te lo he dicho pero quizás lo hayas olvidado: no se decirte si estoy enamorado de ti, pero sí puedo asegurarte: eres la persona de la que quiero enamorarme… ¿tú, podrás enamórate de mí?, no me respondas ahora si no puedes o quieres hacerlo, pero déjame descubrirlo poco a poco.
Tuyo
